¡Ojalá venga Michelle Bachelet!

UN Photo/Jean-Marc Ferre

Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y actual alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ha sido atacada, vituperada, odiada, despreciada, descalificada y estigmatizada por tirios y troyanos.

Desde la oposición le han echado plomo del bueno y del malo, solo porque habla en su tono, acorde con la delicada misión que le fue asignada, y desde el oficialismo también le lanzan su infaltable lata de estiércol, solo por cumplir con la misión que le fue asignada.

Ella ha sufrido en carne propia la represión, la violencia autoritaria de una dictadura militar como la que sometió a su país durante el mandato del gorila Augusto Pinochet.

Su padre, un general del ejército chileno, fue asesinado por el régimen militar. Sin embargo, ella no se dejó atrapar por el odio. Fue durante dos ocasiones presidenta de su país y no gobernó atada al odio, al resentimiento, al deseo de venganza.

Ahora los extremos la atacan. La desprecian, como lo hacen también contra quienes son  percibidos como complacientes por unos y como enemigos por los otros.

Muchos apostaron a que la Alta Comisionada de Naciones Unidas
para los Derechos Humanos evitaría producir un informe en el cual
quedaran evidenciadas las terribles violaciones a los derechos humanos
cometidas bajo el  gobierno de Nicolás Maduro.

Y la crucificaron a priori. Pero la realidad les pateó la cara. Si bien ella no habla con tono exaltado ni es de verbo incendiario, presentó la semana pasada un informe verbal con datos precisos y muy preocupantes sobre la
situación venezolana.

A partir de su descripción sobre lo que ocurre en Venezuela, basada en lo que ha venido certificando la Comisión Técnica enviada por ella , los “tirios” en su contra cambiaron de procedencia. Ya no eran disparados por los opositores adictos al teclado, insatisfechos por la presunta debilidad “madurista” de la expresidenta chilena.


Ahora le correspondía al gobierno el turno de descalificarla tanto a
ella como a su informe. Tan es así que Diosdado Cabello la acusó de
haber leído lo que le enviaron “los escuálidos”. Y de paso aseveró
que “ella gobernó con la constitución de Pinochet, un dictador”.

No voy a defender su gestión de gobierno. No soy chileno ni vivo allá. Es asunto de ellos. Pero ella no es responsable de que en Venezuela hoy se apliquen políticas similares a las que ponen en práctica los regímenes dictatoriales.

A ella se le podrá criticar que durante sus mandatos no se modificó la constitución pinochetista, cosa que por cierto no dependía exclusivamente de su voluntad.

Pero carecen de autoridad para  hacerlo quienes imitan al gorila chileno en muchas de sus políticas represivas, bien porque les resulta incómoda la
constitución de 1999 o les simpatiza más la que impuso el dictador sureño en su país.

Lo cierto es que Michelle Bachelet dijo lo que aquí se sabe. Que el FAES actúa como un grupo de exterminio en nombre de una presunta lucha contra la delincuencia, y que el saldo de sus actuaciones es de al menos doscientas personas ajusticiadas en 2018, y casi cuarenta en lo que va de 2019. Se trata de personas que han sido detenidas en allanamientos y luego se reporta su muerte en “enfrentamientos”.

A la par de ello el informe de Bachelet reporta la criminalización de la protesta, la violación de loa derechos de los manifestantes, mediante el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, tratos crueles y degradantes en centros de reclusión y agresiones por parte de civiles armados que gozan de protección y actúan bajo la protección de autoridades civiles y militares.

Repito, nada que no se sepa.

También Bachelet cuestionó que el gobierno le ha restado importancia a la crisis en materia de salud, alimentación y otros derechos fundamentales. Y que producto de sus políticas se ha disparado la diáspora.

A la par, su informe cuestiona las agresiones al libre ejercicio del periodismo y al derecho a la información, manifiesta preocupación por el grave deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos y por la seis afectación del sistema educativo. Igualmente, advierte que las sanciones contra el país tendrán graves consecuencias para la población.

En síntesis, Michelle Bachelet hizo y está haciendo su trabajo, no solo en el caso venezolano, pero ese es el que nos ocupa hoy.  Ella debe decidir, a partir del informe de la Comsión Técnica, si viene o no a Venezuela. Pero no nos extrañemos de que, después de sus informe preliminar, el gobierno, fiel a su naturaleza, busque alguna excusa para dejar sin efecto el visto bueno a su visita, que en modo alguno podrá ser, en caso de que se concrete, un paseo turístico por donde Miraflores decida.

Después de divulgado el informe se produjo la detención del dirigente de Voluntad Popular Roberto  Marrero  y la absurda condena contra la jueza María Lourdes Afiuni,sobre quien no se ha aplicado justicia sino escarmiento, venganza y otras formas de violencia de Estado. ¿Casualidad? ¿O simplemente le muestran al mundo que no hay forma ni manera de que se ajusten a las mas mínimas normas de respeto a los acuerdos y convenios suscritos en materia de derechos humanos?

Ojalá venga Bachelet. Y que se le permita cumplir con su misión.
Lo contrario sería confesión de parte. Aunque al final en materia de
abusos casi todo es publico y notorio en esta sufrida Venezuela.

Tiempos de Cambio


Vladimir Villegas

24 de Marzo de 2019